martes, 22 de enero de 2013

"Hablando de Knuckleball"


Por: Pedro Torrijos (Publicado en Jot Down Cultural Magazine)


El pasado 17 de diciembre de 2012, Robert Allen (R.A.) Dickey, pitcher (lanzador) titular de los New York Mets fue traspasado a los Toronto Blue Jays.


Con el traspaso se le firmó una extensión de contrato por dos años y 24 millones de dólares a sumar a los cinco millones que ya tenía firmados por los Mets, más una posible opción de extensión por un año más y otros 12 millones de dólares.

El 14 de noviembre se le había concedido el Premio Cy Young al mejor pitcher de la National League de béisbol. El galardón había sido votado por treinta miembros de la BBWAA —acrónimo de la Baseball Writers’ Association of America (Asociación de Escritores de Béisbol de América).
El diez de noviembre la revista Sporting News —anterior The Sporting News, y que pasa por ser la más antigua y más importante en el mundo del deporte americano en general y del béisbol en particular— le otorgaba el Premio al Mejor Pitcher del Año de la National League.


El cuatro de noviembre era elegido el Outstanding Pitcher of the Year por la Asociación de Jugadores de la MLB. El diez de julio, en el Kauffman Stadium de Kansas City, participó en su primer All-Star Game de la MLB (Major League Baseball), la liga más importante de béisbol de los Estados Unidos y, por tanto, del mundo.


Hace apenas tres años, al principio de la temporada 2010-2011, Dickey jugaba para los Buffalo Bisons, un equipo de las ligas menores, tras haber pasado por otros siete equipos de las ligas mayores y menores desde que debutó en 2001 con los Texas Rangers, y haber ganado algo menos de dos millones de dólares en el total de los catorce años de carrera que habían pasado desde que fue elegido en el draft de 1996.
El pasado 29 de octubre de 2012, R.A. Dickey cumplió 38 años.
¿Cómo es posible que un deportista profesional, aún con la longevidad que suelen tener los jugadores de béisbol, haga la temporada de su vida cuando se está asomando a la cuarentena? ¿A qué se debe este casi repentino éxito tras una carrera que había pasado prácticamente sin pena ni gloria?


¿Qué es una knuckleball? (I)
Los pitchers de béisbol suelen contar con un arsenal más o menos combinado de lanzamientos que le permitan ser lo más eficaces posible a la hora de eliminar bateadores. Todos saben lanzar una fastball, (bola rápida y recta, que se mueve en el entorno de los 130-150 km/h), que alternan algún tipo de breaking ball (esencialmente un lanzamiento con efecto, independientemente de que la trayectoria sea fluida o se altere en un determinado momento de la misma, y cuya velocidad suele ser notoriamente inferior a la de una fastball).

El objetivo de esta alternancia es obvio: impedir que el bateador lea o prevea con exactitud dónde e incluso cuándo va a llegar la bola al alcance de su bate.  Así, la relación entre el pitcher y el bateador se convierte en una suerte de juego de engaños similar al que se desarrolla entre el portero y el futbolista que le lanza un penalti. El bateador tiene que intentar adivinar qué tipo de bola le va a lanzar el pitcher o, en último caso, ser lo suficientemente rápido como para descubrirlo mientras esta se acerca al home.


Para conseguir que los lanzamientos tengan el efecto deseado, se imprime una rotación a la bola, que determina el tipo de trayectoria que ejecutará. De esta manera, una curveball se lanza con rotación hacia delante que provoca una curva descendente y una slider tiene rotación lateral que se traslada en una curva en el plano horizontal.
La fastball también se lanza con rotación, sin embargo, esta es hacia atrás, lo que determina que la trayectoria sea esencialmente recta y uniforme al contrarrestar la fuerza de sustentación del aire con la gravedad propia de la bola.


Esta rotación se trasmite a la bola a partir del movimiento completo del pitcher, desde el hombro hasta la muñeca; no obstante, la definición fundamental de la misma se hace básicamente a través del contacto y el movimiento de los dedos. En este sentido, la cantidad de superficie de contacto entre la bola y los dedos, así como su forma de agarre son elementos determinantes a la hora de imprimir la rotación deseada.


No vamos a hacer una descripción exhaustiva de los distintos tipos de agarre, pero pueden suponer que no es lo mismo lanzar con la bola cogida con toda la palma que si se sujeta solo con tres dedos; la cantidad de rotación es distinta y distinta será su trayectoria. Básicamente, cuanta más superficie de contacto continua exista entre la bola y los dedos, más rotación se le puede imprimir y un mayor efecto cogerá el lanzamiento.
Ciertamente, no siempre se busca la mayor rotación posible; por ejemplo, una change-up es una bola que se lanza de manera similar a una fastball, pero cuyo agarre se realiza con cuatro dedos separados, por lo que la rotación es inferior y su velocidad también, engañando así al bateador que, pensando que se trata de una fastball convencional, realizará el swing antes de tiempo.


Sin embargo, la knuckleball subvierte todo el anterior planteamiento. O lo lleva a su extremo. Cuando lanza una knuckleball, el pitcher tratará de imprimir la menor rotación posible a la bola, reduciendo de igual manera su velocidad. Donde una fastball ejecuta entre ocho y 12 rotaciones completas, una knuckleball realiza entre medio giro y giro y medio, moviéndose entre 80 y 120 km/h.
Para ello, y como vemos en la imagen inicial del artículo, el pitcher reduce al mínimo la superficie de contacto entre la mano y la bola; la sujeta apenas con la punta de dos dedos. De hecho, el propio nombre del lanzamiento procede del agarre que realizaban los primeros jugadores que la emplearon: con los nudillos.


Al contrario que en cualquier otro tipo de lanzamiento, donde la rotación genera unas presiones de aire y unas fuerzas de sustentación uniformes, aquí las fuerzas que actúan sobre la bola dependen más del movimiento de traslación de la misma y de otra serie de circunstancias que son prácticamente impredecibles. Por ejemplo, la línea de la costura, cuya importancia sobre el efecto de una bola es despreciable cuando esta rota a gran velocidad, se convierte en un elemento capaz de alterar sensiblemente la trayectoria cuando no existe esa rotación. Y como la posición de la misma cambia entre una y dos veces en el mismo lanzamiento, así mismo lo puede hacer el recorrido, convirtiendo a la knuckleball en un arma esencialmente imprevisible.


¿Qué es una knuckleball? (II)
Confiando en su inherente impredecibilidad, el pitcher que ha perfeccionado una knuckleball normalmente no necesita alternar sus lanzamientos, porque el bateador no puede leer la trayectoria aunque tenga la total seguridad de que lo que le van a lanzar va a ser una knuckleball. No sabe ni dónde va a ir, ni cuándo va a llegar.


Un knuckleballer suele confiar más del 80% de sus lanzamientos en este tipo de bola, porque no necesita casi ninguna otra. Entonces, ¿por qué no todos los pitchers de la liga lanzan este tipo de bola? ¿Por qué hay apenas un par de decenas de jugadores que la han usado consistentemente en toda la historia del béisbol? ¿Por qué Dickey es el único pitcher en activo que la emplea? Precisamente porque es impredecible.


Y es impredecible para el bateador, pero también lo es para el cátcher, que debe tener total confianza en su habilidad y en el juego del lanzador; pero que aun así, hay veces en las que no puede coger la bola, conduciendo a jugadas rotas que pueden suponer carreras en contra.
Pero es que también es impredecible para el propio pitcher, que por muy entrenado y perfeccionado que tenga el lanzamiento, nunca va a saber con total precisión a qué lugar va a llegar la bola. El control que tiene sobre la misma es tremendamente limitado.


De igual manera que una knuckleball lanzada a la perfección es prácticamente imposible de batear, las singulares características de la misma hacen que un lanzamiento técnicamente bueno pueda irse fuera del rectángulo de bateo dando lugar a bolas, avances del jugador que batea e incluso carreras en contra.


Y lo que es aún más peligroso: la knuckleball no tiene margen de error. Cuando una curveball o una sliderse lanza mal, apenas significará una bola en contra o en el peor de loscasos, un batazo fuerte pero, en general, mal colocado por la propiatrayectoria de estos lanzamientos.
Cuando una knuckleball se lanza mal, esto es, cuando la rotación es demasiada, se convierte en una bola que avanza dócilmente hacia el bate del adversario. Un anzuelo de home-runs.


Además, siendo el agarre tan mínimo unido al hecho de que es un lanzamiento sin apenas resonancia —concepto que describía con precisión Gonzalo Vázquez hablando de
baloncesto y que define como “[la] continuación de la mecánica que busca apurar al máximo la eficacia de las […] primeras fases del lanzamiento”— la knuckleball sufre enormemente con cualquier imperfección.
El ocho de abril de 2011, el propio Dickey, ya perfectamente establecido como pitcher titular de los Mets, se rompió una uña de la mano derecha durante la segunda entrada de su partido contra los Washington Nationals. Batió su récord negativo personal de jugadores contrarios a los que hizo avanzar sin batear (cinco) con tres carreras como consecuencia directa de ello. Solo lanzó durante cinco entradas antes de ser sustituido y los Mets perdieron por 6 a 2.


De los 61 pitchers que han accedido al Hall of Fame de béisbol, tan solo Phil Niekro, que jugó desde 1964 hasta 1987, usaba la knuckleball como lanzamiento principal. Él es el único knuckleballer que ha ganado más de 300 partidos. Hasta la eclosión de Dickey (y quién sabe si incluso tras ella), el knuckleballer se veía como un residuo romántico, un dinosaurio de una época anterior a los esteroides y a las anfetaminas. Jugadores peculiares, longevos y extraños que hacían danzar a la bola.


La knuckleball es tan singular, tan significativa y tan valiosa para el patrimonio cultural y emocional del béisbol que, aprovechando la retirada a los 45 años de Tim Wakefield (otro knuckleballer) y el surgimiento de Dickey, ha sido protagonista del largometraje documental Knuckleball! , estrenado a principios de 2012 con un sugerente tagline que reza “To gain power you first have to give up control” (“Para ser poderoso, antes
debes renunciar al control”).


Si quieren conocer más sobre la mecánica de este elusivo lanzamiento, pueden ver el vídeo de Reuters del cual se han extraído algunas de las imágenes de este artículo y que la explica con sencillez y precisión.
¿Qué es una knuckleball? (y III)
Una mañana de 2007, R.A. Dickey cruzó a nado el río Misuri entre Council Biffs y Omaha. Estuvo a punto de morir ahogado.
Es imposible saber lo que pasó por su cabeza en esos momentos, pero es bonito imaginar que justo después de salir del agua, miró hacia atrás y vio diluida en el curso del río la trayectoria de su vida.
Cuando, en su Nashville natal, fue víctima de repetidos abusos sexuales a los ocho años, primero por una baby-sitter encargada de su cuidado y después por un joven de 17 años; experiencia que le perseguiría durante toda su vida e incluso le haría juguetear con el suicidio.


Cuando llegó a ser un brillante universitario, tanto académica como deportivamente, participando con el equipo estadounidense que ganó el bronce en los Juegos Olímpicos de Atlanta y siendo elegido en la posición número 18 del draft de 1996. Cuando tras llegar a los Texas Rangers, un reconocimiento médico descubrió que le faltaba uno de los ligamentos del codo, lo que redujo su contrato de los 810.000 dólares iniciales a 75.000.


Cuando tras intensa rehabilitación, debutó en 2001 con un repertorio que consistía en una fastball, una breaking ball peculiar y una extraña forkball (bola cogida entre los dedos índice y corazón) a la que llamaba “La Cosa”. Cuando en 2005, ya con 31 años, se dio cuenta de que “La Cosa” era una primitiva knuckleball, que decidió entrenar y mejorar hasta convertirla en su lanzamiento principal.


Cuando en 2006 tuvo su primera titularidad en un partido de la MLB y le hicieron seis home-runs, igualando el récord negativo de la era moderna que poseía en solitario Wakefield. Cuando fue relegado a las ligas menores para jugar en Oklahoma y volver, de nuevo, a su Nashville natal.
Cuando su mujer le echó de casa al descubrir que su novio del instituto, aquel chico que quería comerse el mundo y al que había seguido todos estos años de brillo y también de decepción, aquel chico que ya era un hombre y con el que había tenido tres hijos, se estaba acostando con otra.
Cuando ella le perdonó. Y es bonito imaginar que, en ese momento, Dickey decidió que lo que iba a enderezar su errática y caótica trayectoria sería otra trayectoria caótica y errática, que dejaría su suerte en manos de una bola que se sujeta apenas con la punta de  los dedos. De una knuckleball.

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